Introducción: Equipo IA
Le debo el aprobado a ChatGPT”. La frase, pronunciada entre risas por un alumno, resume un fenómeno que ya no es anecdótico. La inteligencia artificial ha entrado en las aulas sin pedir permiso. La cuestión ya no es si debemos permitirla o prohibirla, sino cómo queremos integrarla en el aprendizaje.
En el Institut Peralada, un instituto público de secundaria joven nacido en 2020, decidimos no mirar hacia otro lado. Durante el último curso observamos dos reacciones claras en nuestra comunidad educativa: entusiasmo y preocupación.
Por un lado, docentes que descubrían en herramientas como ChatGPT una vía para generar materiales, adaptar explicaciones o diseñar actividades más personalizadas. Por otro, el temor legítimo a que el alumnado delegara el pensamiento en la IA.
Entre la fascinación y el miedo, optamos por una tercera vía: liderar. Así nació nuestro Equipo IA, con el propósito de elaborar un Protocolo de uso de la IA, actualmente en fase final de redacción.

El diagnóstico: ¿Por qué necesitamos un «contrato social» digital?
Antes de escribir la primera línea del protocolo, nos detuvimos a analizar cuál era la realidad del centro mediante nuestra «Teoría de Acción». Este ejercicio nos reveló una visión dual dentro de la comunidad educativa:
- Por un lado, la IA se ve como una oportunidad de eficiencia, capaz de ayudarnos a ahorrar trabajo mecánico.
- Por otro lado, existe el temor a la delegación del aprendizaje, es decir, que el alumnado deje de pensar por sí mismo en favor de una respuesta generada por un algoritmo.
La cuestión no era tecnológica, sino pedagógica: ¿qué tipo de aprendizaje queremos preservar en un contexto donde una máquina puede generar textos, resolver problemas o programar en segundos?
La conclusión fue clara: necesitábamos un “contrato social” digital. No un listado de prohibiciones, sino un acuerdo compartido sobre tres cuestiones fundamentales:
- ¿Por qué queremos utilizar la IA?
- ¿Cuándo su uso es pertinente?
- ¿Para qué la queremos utilizar realmente?
Este enfoque desplaza el debate del “se puede / no se puede” al “qué tipo de estudiante queremos formar”. Nuestro objetivo es que el alumnado domine la tecnología y la utilice para mejorar su aprendizaje sin convertirse en dependiente de ella.
El alma del protocolo: El Modelo PIO
El protocolo no parte de herramientas concretas, sino de principios. Entendemos que la tecnología cambia rápidamente; los valores no deberían hacerlo al mismo ritmo. Para garantizarlo, nuestro protocolo se fundamenta en el Modelo PIO del OEIAC (Observatori d’Ètica en Intel·ligència Articficial de Catalunya), vinculado a la UdG (Universitat de Girona), que sirven de guía para toda nuestra actividad:
- Transparencia: Todas las interacciones con IA deben ser claras. Si un trabajo se ha realizado con soporte algorítmico, debe declararse.
- Justicia y Equidad: Velamos por evitar los sesgos de la IA y garantizamos que ningún alumno quede atrás por falta de acceso a estas herramientas (brecha digital).
- Seguridad y Bienestar: Priorizamos la protección contra el ciberacoso y velamos por la salud digital de nuestro alumnado.
- Responsabilidad y Supervisión Humana: La máquina nunca tiene la última palabra. El criterio humano (del docente y del alumno) es irrenunciable y siempre debe validar los resultados.
- Privacidad y Protección de Datos: Somos extremadamente cuidadosos con la seguridad de los datos de nuestra comunidad, siguiendo estrictamente el RGPD.
- Autonomía y Pensamiento Crítico: El IA no debe sustituir el pensamiento del alumno, sino potenciarlo.
- Sostenibilidad: Somos conscientes del coste energético de esta tecnología y promovemos un uso racional.
La IA como «socio cognitivo»: Un cambio de paradigma pedagógico
Uno de los cambios más profundos que introduce el protocolo es conceptual: dejamos de ver la IA como una “máquina de respuestas” y empezamos a entenderla como un socio cognitivo.
Esto implica que su función no es sustituir el esfuerzo intelectual, sino ampliarlo. Por ejemplo:
- Utilizarla para generar hipótesis iniciales antes de un debate.
- Pedirle explicaciones alternativas de un concepto difícil.
- Simular escenarios históricos o científicos para analizarlos críticamente.
- Comparar su respuesta con fuentes académicas y detectar imprecisiones.
En este marco, la IA no es el producto final, sino una herramienta dentro del proceso.
Si cambia la herramienta, cambia la evaluación
La aparición de sistemas capaces de redactar trabajos coherentes en segundos nos obliga a redefinir la evaluación. Si una tarea puede resolverse copiando y pegando desde un chatbot, quizá el problema no es la herramienta, sino el diseño de la tarea.
Por eso, en el protocolo estamos priorizando:
- Evaluación de procesos. Más allá del resultado final, pedimos evidencias del recorrido: versiones intermedias, prompts utilizados, decisiones tomadas y reflexión personal sobre el uso de la IA.
- Diversificación de formatos. Presentaciones orales, debates, proyectos colaborativos ganan peso frente a productos exclusivamente escritos.
- Metacognición. El alumnado debe explicar qué ha aprendido y cómo la IA ha influido —positiva o negativamente— en su proceso.
- Validación crítica: El alumnado aprende a cuestionar lo que dice la IA, buscando errores, sesgos o alucinaciones del algoritmo.
El objetivo no es vigilar, sino enseñar a usar con criterio.
Un documento operativo y compartido
El protocolo no es una declaración abstracta. El documento que estamos terminando es operativo y práctico. Se estructura en varios bloques que cubren las necesidades del centro:
- Roles y responsabilidades: Definimos qué se espera de la dirección, del profesorado, del alumnado y de las familias.
- Usos permitidos y no permitidos: Establecemos líneas rojas claras para garantizar la honestidad académica y la convivencia.
- Toolkit digital: Hemos creado un catálogo de herramientas seleccionadas que cumplen con nuestros estándares de seguridad y valor pedagógico.
- Competencias en IA: Detallamos qué habilidades deben adquirir tanto los docentes como el alumnado para ser competentes en este nuevo entorno.
- Un Plan de Formación Docente anual para asegurar que nuestro claustro esté siempre al día y pueda orientar a los alumnos con seguridad.
Una comunidad que debe caminar unida
Somos conscientes de que la IA también genera dudas en casa. Por ese motivo, el protocolo no termina a las puertas del instituto. Estamos diseñado una estrategia de comunicación específica para las familias, que incluya:
- Guías rápidas y talleres de sensibilización para entender cómo acompañar a los hijos en el uso de estas herramientas.
- Modelos de consentimiento informado y documentos de compromiso de uso responsable para el alumnado.
Aprendizajes y visión de futuro
La integración de la IA no es un reto tecnológico, es un reto educativo. Hemos aprendido en este proceso que el cambio real no está siendo tecnológico. Está siendo cultural. Lo más transformador no está siendo el protocolo, están siendo las conversaciones. La IA nos está obligando a hablar sobre:
- Qué significa aprender.
- Qué significa autoría.
- Qué significa esfuerzo.
- Qué significa evaluar y calificar
- Qué significa agencia.
No tenemos todas las respuestas. Nuestro protocolo no es perfecto. La tecnología evoluciona y nosotros aprendemos con ella. Por eso concebimos el protocolo como un documento vivo, sujeto a revisión y mejora continua, que provoque una visión conjunta y una responsabilidad compartida.
Nuestra aspiración es que el centro sea un referente no por la cantidad de tecnología que utilice, sino por la calidad del aprendizaje que sea capaz de generar con ella.
La pregunta ya no es si la inteligencia artificial estará en la escuela. Está. La pregunta es qué tipo de escuela queremos construir con ella.
En nuestro caso, una donde la IA no sustituya la curiosidad, sino que la desafíe. Donde la eficiencia no reemplace el pensamiento, sino que lo impulse. Y donde formar ciudadanos con capacidad de decisión ética, crítica y creativa siga siendo el objetivo irrenunciable de la educación.
Estamos construyendo el centro de mañana, hoy.
