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🧠 IA en el instituto: pensar con la máquina sin dejar que la máquina piense por nosotros

La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa futura: está en las aulas, en los hogares y en los bolsillos de nuestros estudiantes. En este nuevo escenario, el papel del docente no puede limitarse a observar desde la distancia o prohibir su uso. La IA ha llegado para quedarse, y ignorarla sería tan irresponsable como adoptarla sin criterio.

En nuestra presentación original, el pasado día 10 de octubre de 2025, en el IAEducativa Day 2 en Sevilla, los dos autores comenzábamos nuestra presentación con una reflexión necesaria: ¿qué lugar ocupa la inteligencia artificial en el instituto? ¿Cómo puede usarse para potenciar el aprendizaje sin sustituir el pensamiento?

⚖️ Dos caminos posibles: resistencia o adaptación

Ante la irrupción de la IA, el profesorado se encuentra en una encrucijada.
Puede optar por ignorarla, refugiándose en prácticas tradicionales “como siempre se ha hecho”, o aprovecharla como un asistente poderoso para mejorar la eficiencia, liberar tiempo y acompañar al alumnado en su aprendizaje.

Los estudiantes ya usan la IA —dentro y fuera del aula—, y el mundo laboral valora más a quien sabe interactuar con ella de forma fluida y crítica que a quien la rechaza.
Por tanto, formar a los alumnos para convivir con la IA es formarles para su futuro profesional y personal.

“El único camino sostenible y coherente con la realidad es adaptarnos. Aprender a usar la IA para enseñar a usarla.”

⚠️ El riesgo del fraude y la deuda cognitiva

Prohibir la IA no evita su uso: lo empuja hacia la trampa. Cuando el alumnado recurre a la IA para hacer tareas sin comprenderlas, se genera fraude académico y se debilita la confianza entre profesor y estudiante.

Pero lo más grave ocurre a largo plazo: surge lo que los autores denominan “deuda cognitiva”.
El estudiante obtiene resultados inmediatos gracias a la IA, pero sin desarrollar las destrezas cognitivas necesarias —razonamiento, análisis, memoria, resolución de problemas—.

Esa deuda, acumulada con el tiempo, le impedirá enfrentarse a contextos nuevos o resolver problemas reales sin ayuda.

“Cada vez que un alumno delega en la máquina, pierde una oportunidad de pensar.”

🔄 De la pereza a la curiosidad: romper el ciclo vicioso

El uso irresponsable de la IA puede generar un ciclo vicioso:
pereza → dependencia → sedentarismo cognitivo → ausencia de pensamiento crítico → ilusión de conocimiento → refuerzo de la dependencia.

Sin embargo, los autores proponen una alternativa inspiradora: el ciclo virtuoso del uso educativo de la IA.
Este ciclo parte de una actitud distinta: la curiosidad.

  • El estudiante utiliza la IA como apoyo, no como sustituto.
  • Analiza y evalúa sus respuestas con pensamiento crítico.
  • Profundiza en su conocimiento y corrige sus lagunas.
  • Desarrolla autonomía y confianza en su propio criterio.

Así, la IA deja de ser una muleta y se convierte en una lupa: amplía la comprensión, pero no reemplaza el esfuerzo.

🧩 Formar para pensar con la máquina

En el debate abierto que acompañó la ponencia, surgió una pregunta clave:

“¿Estamos preparando a nuestros alumnos para un futuro en el que sepan usar la IA, o para un presente en el que ya han dejado de pensar por sí mismos?”

El reto educativo no es técnico, sino pedagógico.
El instituto y la empresa son, como recordaron los ponentes, las dos caras de la misma moneda:

  • La escuela enseña conocimiento.
  • La empresa enseña contexto.

De su equilibrio nace lo esencial: personas capaces de analizar, decidir y aportar criterio cuando la tecnología no sea suficiente —o cuando sea demasiado.

💡 Conclusión: una nueva inteligencia educativa

Cuando logremos que los alumnos comprendan que la IA no es un atajo, sino un desafío, estaremos formando trabajadores competentes y ciudadanos críticos.
La verdadera inteligencia no está en la máquina, sino en quien sabe usarla para mejorar lo humano.

“La IA no debe pensar por nosotros, sino ayudarnos a pensar mejor.”

NOTA: El artículo fue, originalmente, redactado por los profesores Fco. Javier Delgado Leal y Enrique Royo Sánchez y, posteriormente, editado por nuestro compañero Salvador Montaner Villalba

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